lunes, 19 de enero de 2009

aL cOmPáS dEL tiEmpO...

Ljubiljana, Eslovenia
La capital eslovena no queda lejana a Venecia, a unos 200 kilómetros aproximadamente. Justo a mi partida de la pequena maravilla italiana, comenzaba un diluvio que, según se acercaba mi destino, se fue tornando en una impresionante nevada. Hasta ese momento no he visto nada similar: la principal autopista del país, cubierta completamente por la nieve, que con el paso de los kilómetros se convertía en un peligroso barrizal helado en el que conducir era, simplemente, un juego a vida o muerte. A menos de 25 km para entrar en Ljubiljana, la velocidad -en una autopista cuya velocidad máxima es de 130 km/h- a la que circulabamos no superaba los 30 km/h; nadie tenía el valor para hundir el pie algo más en el acelerador. Camiones cruzados, coches parados en los arcenes, la policía comenzando a actuar... pero ningún quitanieves a la vista.

Finalmente, bajo el incesante manto blanco que caía desde el cielo, conseguí acceder a la ciudad de los dragones. Lo que son las cosas, circulando por el centro -muy despacio, pues todo seguía igual, nieve y hielo-, buscando aparcamiento, en una curva simple, muy abierta y sin peligro aparente, perdí el control, los frenos dijeron no y acabé frenado por un muro de nieve situado en un lateral. No pasó nada y reanudé la marcha -mi angelito sigue conmigo-, pero no quiero pensarlo a más velocidad o en una de esas carreteras que tanto he frecuentado con el precipicio a ambos lados...
Ljubiljana es una pequena gran capital. De reducidas dimensiones y población, pero amplísima en cuanto a oferta cultural, de ocio, gastronómica... de vida en general. Está tan, tan bien publicitada por la misma ciudad que no creo que me lo piense demasiado para regresar aquí cuando la meteorología sea mejor. El tiempo ha sido horrible, ha hecho un frío espantoso y ha nevado sin parar durante los tres días que he pasado aquí.
...Y el encanto se pierde. Cuando ves los planos, las imágenes de la ciudad en primavera, a la gente en la incontables terrazas que hay en los márgenes del río que la atraviesa, en bicicleta, no puedes sino lamentarte de haber llegado en pleno mes de enero y con este temporal... La espectacular vista desde el castillo sobre la ciudad no es igual con todos los tejados del mismo y monótono tono blanco

Afortunadamente, por casualidad dí con uno de los mejores lugares de la ciudad para alojarse. Después de horas y horas pateando buscando algo barato, me topé con un hostel adecuado. Y vaya si lo era... En lo que hace anös fue una prisión, ahora se erige un gran centro cultural. Según parece, de los más importantes de Europa. El hostel se incluye dentro de él, y cuenta con locales de ensayo, espacios para exposiciones, biblioteca, bares y garitos de toda clase, zonas expresas para hacer grafitti...Un sitio perfecto...pero menos en invierno. De todas formas, el propio hostel contaba con un gran bar, y aquello era un auténtico hervidero de gente que, por lo general, no se alojaba allí. La cerveza, excelente y, para no variar, gente joven exquisita por su amabilidad, educación y trato conmigo. No dejo de sorprenderme con lo diferente que es todo el continente desde que cruzas los Pirineos, en casi todos los aspectos, pero especialmente con la concienciación social de la gente. Puedes perder tu mochila en la calle, o dejar tu bicicleta 'tirada' por cualquier esquina, que tres días después seguirá allí, sin duda. Igualito que en casa, eh?

Eso sí, tengo que aprender inglés, sin falta! Porque estoy viviendo muchas cosas, pero me estoy perdiendo muchas más. Lo intento y lo intento, pero hay un momento que... no doy para más, y entenderse siempre como los indios no tiene lógica, ni para la persona con la que intento comunicarme ni para mí.

Esperé un par de días por si el tiempo me daba un respiro. No lo hizo, y marché un poco desilusionado con la sensación de que es la meteorología la que marca la senda a seguir. Por si fuera poco, en la frontera con Austria, control de carretera. No de policía, sino de la gente que controla las carreteras. El que aquí escribe no llevaba una pegatina que se necesita para circular por las autopistas eslovenas, no existe peaje pero esto es imprescindible. 150 eurazos de multa, para llevarme un buen recuerdo del país. Pago en el acto, por supuesto. Me mataron. Y a continuar, rumbo a Salzsburgo, Austria, la ciudad de Mozart.

2 comentarios:

  1. Dos cosas:
    1- Ayer me bajé toda la discografía de Extremo y esta mañana he ido a clase escuchándola y justo he oído el Duende del Parque "Pasan las cosas al compás del tiempo..." y me iba acordando de ti (no había leído esta entrada)
    2- Los Hostels a los que vayamos en Sofía y bajando...los tendremos mirados,no??? dinos si tenemos que buscar algo o lo que sea, q aunq iré cargada de pastis, me cago de miedo :S

    Y 3- Cuando estuve en Versalles me pasó lo mismo que a ti, me perdí las flores, los paisajes de jardines que te mueres...pero cada época tiene algo especial :D


    te quiero


    Gafitas

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  2. Me han dado unas ganas de darte un abrazo fuerte fuerte!!!pero como no puedo...toma un ciberabrazooo!!! mira que me gusta la nieve...pero, jo!hay dias y circuntancias que...mucha suerte en tu nuevo destino!!!oye, y que guay lo del hostal ese, no? Un besazooo!

    BeA.

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