lunes, 2 de febrero de 2009

DesPeRDigaO...

Praga, República Checa

Uff... qué contaros después de tanto tiempo... Últimamente los días están pasando muy rápidamente. Significa que el bajón pasó; es más, ahora estoy totalmente efervescente, subiendo y subiendo sin parar. Voy a resumir bastante, que si no me voy quedando muy retrasado.
Gran parte de culpa de mi renovado ánimo la tiene Alemania, un país por el que, en un principio, no tenía claro si pasar, exceptuando la cita obligada en Berlín. Munich me acogió, procedente de Salzburgo, en horas bajas y sin mucho convencimiento. Y fue mi medicina. Grande, un hervidero de gente, tráfico complicado... Ideal para pasar inadvertido en la calle, en el metro...

Además, es una ciudad con mucho que ver. Pero, mala suerte, solucionados los problemas de mi cabeza, aparecieron los físicos. El talón del pie derecho no me permitió mucha alegría. Más bien, ninguna. Así que dediqué la mayor parte de mis horas a degustar la amplia oferta cervecera alemana en mi hostal, donde además ofrecían conciertos en directo. La relación cantidad/precio es excelente en este país: una cañita, tercio o un botellín es medio litro de cerveza en cualquier lado. Es complicado conseguir algo más pequeño, de manera que noche tras noche la misma canción, varios litros para el cuerpo.

Con el problema del talón en aumento, me dirigí a un punto intermedio sobre Munich y Berlín. Nuremberg fue el lugar escogido, previa parada -obligatoria- en Ingolstad, donde pude admirar el museo de Audi -el de los coches-. Una pasada.
Una vez en Nuremberg, cita a ciegas. José, el hermano de Carmencita (mil gracias), me esperaba para hacer de mi visita a la ciudad algo totalmente distinto. Ninguno de los dos había oído hablar del otro, y en la plaza de San Lorenzo, bajo la catedral, fue nuestro encuentro, nuesta primera vez. Él llegó en bicicleta, yo era fácilmente reconocible por mi no aspecto de alemán. José me ha mostrado la ciudad al completo, lugares importantes de la historia reciente -como el descomunal recinto donde Hitler congregaba a las masas- y la vida nocturna de una ciudad alemana. La última noche acabamos en bicicleta, a las seis de la mañana, después de una fiesta de gente Erasmus... Con él, y con la gente del hostal en el que me alojé -otro descubrimiento- mi ánimo ha subido muchos enteros.
Unas horas más tarde después de esa última noche debía estar en el aeropuerto de Berlín... Pero esta ciudad, y la visita recibida, merecen una entada aparte.

jueves, 22 de enero de 2009

GaNAs dE hUiR

Salzsburgo, Austria

Tenía que escapar del frío. No soy friolero, eso lo saben, pero esto ha sido suficiente, y excesivo. He sentido Eslovenia intensamente en mí, muy dentro de mí. En mi huída, decidí subir hacia el norte del continente -el día 24 me he citado con Berlín-. Y todo parecía darse según lo planeado, la nieve desaparecía según iban cayendo los kilómetros y el sol pegaba con fuerza mientras conducía atravesando la parte austríaca de los Alpes. Pero la lógica, que poco se suele equivocar, dice que cuanto más al norte, más frío suele hacer, y esta vez también tenía razón. Dentro del coche, cómodo, con el sol calentando, la vida es bella. Cuando a las cuatro de la tarde el sol se esconde y bajas del coche buscando albergue, te das cuenta de tu inconsciencia.

Pero, bendita inconsciencia. Cerrad la boca cuando veáis Sankt Gilgen, uno de los paraísos que encuentras serpenteando por las carreteras austríacas. Es un pueblo casi inapreciable en un mapa, pero bueno, yo en eso estoy, en perderme en los mapas...

Las vistas que véis del lago y las montanas están tomadas desde la puerta del hostel donde quería alojarme. Si no lo hice fue porque el frío aquí, si es posible, era mayor que en Eslovenia. Por lo que continué mi fuga. Buscaba un lugar algo más grande, donde pudiera resguardarme del frío entre las calles, un lugar donde no estuviera a pecho descubierto contra las montanas y el viento, buscaba un poco de calor, y bueno, Salzsburgo quedaba a 30 kilómetros solamente. Creí que era la mejor opción y allí dí por concluída, por lo menos durante esa jornada, la huída.

Quizá por mi estado de animo, Salszburgo no me conmovió como pensé que lo haría. Estos últimos días no me he encontrado del todo bien mentalmente, he tenido muchas conversaciones con mi soledad; las ganas de viajar se quitan a causa del frío, conducir es una tensión constante, en alerta máxima para manejarte por las placas de hielo, o para esquivar los zorros que pasean alegremente. Piensas en volver, en dar la vuelta y desandar lo ya recorrido; en huir, como estaba haciendo ahora. Cuando te encuentras solo los días duran muchas más horas. Intento calmar la ansiedad viéndolo todo, ocupando las máximas horas posibles, durmiendo lo más que pueda para tener menos horas que dejar pasar... Tengo claro que son rachas, que ha sido un momentito sólo de bajada, pero que no puede conmigo. Ni la distancia, ni el frío, ni la soledad me hacen ni me harán cambiar lo que tengo en mente. Porque si algo se es que soy un absoluto privilegiado, que esta experiencia no es algo común, y que tengo que aprovecharla al máximo hasta que dure. Cuando me sienta cansado, o me vea obligado a hacerlo, lo dejaré. Pero todavía no ha llegado el momento. Y queda lejano, en el horizonte....

Salzsburgo, la ciudad que vio nacer a MOzart. No dejas de ver referencias de él por cada rincón de la ciudad. Es un auténtico mito y le adoran. La visita es rápida, puesto que es bastante pequenita, pero es un sitio privilegiado. Desde el ya clásico castillo con el que cuentan la mayor parte las ciudades importantes de centroeuropa, la vista de la ciudad y del casco antiguo es increible. Siempre os digo lo mismo, pero es que deberíais estar aquí para contemplarlo. Y el centro, con los puestos de comida...; es que son tantas cosas...

Ya os digo que la ciudad no fue como yo esperaba, no por ella, sino por mí. Quizás también influyó el hecho de que llevo mucho tiempo recorriendo lugares pequenos, con un ambiente más familiar, rural, de pueblo... como querais llamarlo. A mí me fascinan las grandes ciudades, y eso era justo lo que necesitaba para olvidar las penas. Berlín ya no quedaba lejos, pero necesitaba saciar mis ganas mucho antes. Realmente ya era necesidad. Así que, Salzsburgo sólo disfruto un día de mí y yo sólo un día de ella. Sin duda, más perdí yo.

lunes, 19 de enero de 2009

aL cOmPáS dEL tiEmpO...

Ljubiljana, Eslovenia
La capital eslovena no queda lejana a Venecia, a unos 200 kilómetros aproximadamente. Justo a mi partida de la pequena maravilla italiana, comenzaba un diluvio que, según se acercaba mi destino, se fue tornando en una impresionante nevada. Hasta ese momento no he visto nada similar: la principal autopista del país, cubierta completamente por la nieve, que con el paso de los kilómetros se convertía en un peligroso barrizal helado en el que conducir era, simplemente, un juego a vida o muerte. A menos de 25 km para entrar en Ljubiljana, la velocidad -en una autopista cuya velocidad máxima es de 130 km/h- a la que circulabamos no superaba los 30 km/h; nadie tenía el valor para hundir el pie algo más en el acelerador. Camiones cruzados, coches parados en los arcenes, la policía comenzando a actuar... pero ningún quitanieves a la vista.

Finalmente, bajo el incesante manto blanco que caía desde el cielo, conseguí acceder a la ciudad de los dragones. Lo que son las cosas, circulando por el centro -muy despacio, pues todo seguía igual, nieve y hielo-, buscando aparcamiento, en una curva simple, muy abierta y sin peligro aparente, perdí el control, los frenos dijeron no y acabé frenado por un muro de nieve situado en un lateral. No pasó nada y reanudé la marcha -mi angelito sigue conmigo-, pero no quiero pensarlo a más velocidad o en una de esas carreteras que tanto he frecuentado con el precipicio a ambos lados...
Ljubiljana es una pequena gran capital. De reducidas dimensiones y población, pero amplísima en cuanto a oferta cultural, de ocio, gastronómica... de vida en general. Está tan, tan bien publicitada por la misma ciudad que no creo que me lo piense demasiado para regresar aquí cuando la meteorología sea mejor. El tiempo ha sido horrible, ha hecho un frío espantoso y ha nevado sin parar durante los tres días que he pasado aquí.
...Y el encanto se pierde. Cuando ves los planos, las imágenes de la ciudad en primavera, a la gente en la incontables terrazas que hay en los márgenes del río que la atraviesa, en bicicleta, no puedes sino lamentarte de haber llegado en pleno mes de enero y con este temporal... La espectacular vista desde el castillo sobre la ciudad no es igual con todos los tejados del mismo y monótono tono blanco

Afortunadamente, por casualidad dí con uno de los mejores lugares de la ciudad para alojarse. Después de horas y horas pateando buscando algo barato, me topé con un hostel adecuado. Y vaya si lo era... En lo que hace anös fue una prisión, ahora se erige un gran centro cultural. Según parece, de los más importantes de Europa. El hostel se incluye dentro de él, y cuenta con locales de ensayo, espacios para exposiciones, biblioteca, bares y garitos de toda clase, zonas expresas para hacer grafitti...Un sitio perfecto...pero menos en invierno. De todas formas, el propio hostel contaba con un gran bar, y aquello era un auténtico hervidero de gente que, por lo general, no se alojaba allí. La cerveza, excelente y, para no variar, gente joven exquisita por su amabilidad, educación y trato conmigo. No dejo de sorprenderme con lo diferente que es todo el continente desde que cruzas los Pirineos, en casi todos los aspectos, pero especialmente con la concienciación social de la gente. Puedes perder tu mochila en la calle, o dejar tu bicicleta 'tirada' por cualquier esquina, que tres días después seguirá allí, sin duda. Igualito que en casa, eh?

Eso sí, tengo que aprender inglés, sin falta! Porque estoy viviendo muchas cosas, pero me estoy perdiendo muchas más. Lo intento y lo intento, pero hay un momento que... no doy para más, y entenderse siempre como los indios no tiene lógica, ni para la persona con la que intento comunicarme ni para mí.

Esperé un par de días por si el tiempo me daba un respiro. No lo hizo, y marché un poco desilusionado con la sensación de que es la meteorología la que marca la senda a seguir. Por si fuera poco, en la frontera con Austria, control de carretera. No de policía, sino de la gente que controla las carreteras. El que aquí escribe no llevaba una pegatina que se necesita para circular por las autopistas eslovenas, no existe peaje pero esto es imprescindible. 150 eurazos de multa, para llevarme un buen recuerdo del país. Pago en el acto, por supuesto. Me mataron. Y a continuar, rumbo a Salzsburgo, Austria, la ciudad de Mozart.

domingo, 18 de enero de 2009

La CiuDaD Más bOniTa dEL mUnDo

Venecia, Italia
Protagonizada por...Venecia. Cuando las palabras sobran...














Y tengo muchíiiiiiiiisimas más, pero como tardan tanto en subirse, no me da tiempo a ponerlas.

Para combatir la tristeza por la marcha de Mundo, decidí quedarme aquí. Nada mejor para recobrar el ánimo, me dije. Venecia. Ya estuve hace unos seis anos, y aunque dicen que segundas partes nunca fueron buenas, ésta ha estado a la altura de la primera vez, si no la ha superado... Nada ha tenido que ver, las dos tienen su parte especial. A mi llegada, Venecia me recibió con un fantástico sol, y así se mantuvo el tiempo que aquí he estado, perfecto para contemplarla y maravillarse.

No voy a contar nada de Venecia que no se sepa, así que lo mejor es callarse. Sólo deciros que por lo menos una vez tenéis que pasar por aquí, y perderos entre los canales, las placitas, los callejones, coger el vaporetto -el autobús de los canales-... es una delicia. Una ciudad sin igual.

El hostel donde me alojé estaba en un sitio privilegiado, a dos metros del un enorme canal; no era gran cosa, pero es aquí donde mejor lo he pasado desde que empecé a conocer estos peculiares lugares donde pasar las noches. Conocí a otros viajeros: dos chicos argentinos, dos hermanas bolivianas, y un costarricense. Pasamos la noche juntos, hablamos de nuestros viajes, de nuestros países, de fútbol, cenamos, estuvimos tomando (bebiendo) en un bar cercano... posiblemente el único abierto de toda la ciudad, obviamente regentado por individuos chinos, quien si no?

Todos hablabamos castellano, diferente pero igual. Como decían las hermanas, qué lindo! Que chicas más encantadoras, que dulzura la suya. Lástima que tuvieran que marchar a la manana siguiente. Quedamos sólo Samu, uno de los chicos argentinos, el chico costarricense y yo. Y un bralsileiro la mar de simpático. Samu, este argentino del que os hablo, hizo amago de querer venirse conmigo durante un tiempo, pero no me pareció el companero adecuado, pero aún así, pasamos una última gran noche. ...Y la cara que le echan estos argentinos...!

Venecia se queda pequeno en dos días. (Pero de verdad, no dejeis de verla, si podéis. Yo lo haré siempre que pueda). Por ello, decidí marcharme. Justo en el momento que lo hacía, comenzaba a llover... Por cercanía, mi siguiente destino ha sido Ljubljana, la capital de Eslovenia. No sabía la que me esperaba....

Vamos a por más.

TomA dE ConTaCtO coN EL eSTe

Eslovaquia nos recibió con una gran nevada, que comenzó a la vez que nuestra "triunfal" entrada en Trnava después de la odisea de viaje desde Francia. Esta ciudad, Trnava, está unos 80 kilómetros al norte de Bratislava, la capital, y en ella, como os dije, vive, en un auténtico piso de estudiantes, Mischo. En El auténtico piso de estudiantes. Allí instalamos nuestro campo base, para ir desplazándonos por los alrededores y descubriendo el desconocido este europeo.

Os preguntaréis quién es Mischo. Ibiza es lo que tiene, que lo mismo te encuentras a un eslovaco que a un valenciano trabajando. Así se conocieron Mundo y él, y de ahí esta aventura en tierras tan lejanas.

Pero Mischo no ha sido el único. El mismo día apareció en la ciudad Nadia, otra amiga 'ibicenca' de Mundo, aunque fueron algo más 'amigos' ;). Un auténtico personaje, que no paraba de comer! Con ellos dos hemos conocido a fondo -bueno, empezado a conocer- la vida eslovaca, las costumbres, la comida típica-preguntad a Mundo por el halusky- la televisión... Mischo domina casi por completo el castellano y Nadia también lo habla bastante bien... a su manera, eso sí. Así que todo ha sido más fácil, porque el eslovaco es realmente complicado. Llegué sin saber una sola palabra y me voy sabiendo... diez? Tacos incluidos... jaja.

Todo combinado con un tremendo frío. Uno de los últimos días, en un pueblo cercano, Nova Dubizna, llegamos a los -20°. Pero la tónica habitual ha estado rondando los -10°... Gracias madre porque tu ropa me ha salvado en innumerables ocasiones! Eso y los innumerables chupitos... costumbre eslovaca.

Nuestros dos amiguitos nos ensenaron Bratislava. Fuimos en tren -conducir por aquí más bien es patinar sobre hielo- y volvimos al pasado. Un aparato de los de antes, de los de los libros y pelis, pero real! Con compartimentos, enormes butacas y hasta el clásico revisor que más bien parece un policia, con su uniforme oscuro y su enorme gorra con visera.

Bratislava no se dejó ver en todo su esplendor. Nevaba, y la noche era muy, muy fría. Aún así, sorprende la de vida que hay, a la gente no le echa para atrás esta circunstancia, y todo lugar está plagado de público. Es una ciudad muy pequenita, pero sólo por la vista sobre el Danubio merece la visita. Además, sus calles están plagadas de simpáticas esculturas y la gente, como en todos los lugares donde hemos caído, es amabilísima.
Además de Nadia y Mischo, también nos han acompanado en Eslovaquia Jana y Mijael, una pareja encantadora. Obviamente, también del verano en Ibiza de Mundo. Con ellos estuvimos en su casa, en Stará Tura, donde hemos comido como auténticos... Si en alguna ocasión podéis hacerlo, no dejéis de pedir gulash.

Con Mijael y Jana conocimos más cositas del país, como un castillo, ahora en ruinas, donde vivió una princesa que asesinaba ninas y se banaba en su sangre... Como siempre, la nieve y el frío nos acompanaron. Por eso estaba cerrado, pero nos tiramos por la nieve en trineo como enanos... Por necesidad, como siempre después de salir a la calle, cafetito para coger temperatura.

Aquí en Eslovaquia se han desvanecido algunos de mis planes. Por ejemplo, Mischo me comentó que entrar en Rusia es imposible sin visado, y según he leído después, incluso con él te ponen muchas trabas. También te exigen saber que dinero llevas, al entrar y al salir... en fín, que otra vez será. También me he enterado que ni siquiera en República Checa tienen euros, en Eslovaquia acaban de adoptarlo, y la verdad que los precios no difieren demasiado de los de Espana. Ejemplo:1 litro gasolina= 1 euro.

Al final, nos juntamos todos y conocimos Trencin, en una gélida tarde donde Mundo lo pasó horrible. No se puede ser tan friolero!! La noche anterior, salimos a conocer la noche eslovaca, por ahí os dejo algunas de las fotillos también. Saben divertirse.

Con seguridad no será la última vez que pase por aquí, he encontrado buena gente, grandes lugares y por el enclave del país casi siempre me pilla de camino, de modo que, en pocas fechas, de nuevo habrá noticias de Eslovaquia. Casi seguro.

Dajukem Mischo, Nadia, Jana -a tu madre también, que encanto!- y Mijael por habernos tratado de la forma en la que lo habéis hecho, por haberos desvivido por nosotros, por habernos ensenado tantas cosas, lugares.... espero poder devolvéroslo en Espana muy pronto. Y a tí también, Mundo. Sin tí esto no hubiera sido posible. ;) Pronto nos veremos

Al final un momento amargo. La despedida de Mundo en el aeropuerto de Venecia después de... dormir? -Si es que se puede llamar así a lo que hicimos en los mundialmente famosos, por su incomodidad, bancos de aeropuertos. Iguales en todo el planeta...- Nudo en el pecho hasta que me tengo que dar la vuelta y dejar de mirar como accede por el control policial. Sé que no será ni la primera ni la única vez, que habrá más momentos como estos, pero no lo voy a poder evitar.















Después de un tiempecito, reaparezco. Problemas varios con las conexiones a Internet en algunos de los lugares recorridos... Véase: 1 hora= 15 escandalosos euros en Austria, o 30 min= 6 euros en Venecia; en Eslovenia, ningún lugar en toda la capital y en el hostel los ordenadores todavía no tenían conexión USB! No ha sido por gusto, y ésto sigue sin ser gratuito -mi ordenador lo único que hace es cansarme, pesa mogollón- así que no me entretengo más.

Venga, empezamos

jueves, 8 de enero de 2009

DeSpuÉs dE La teMpEsTaD, La cALmA

Trnava, Eslovaquia

Con mucha tristeza por tener que marcharnos, Mundo y yo partimos hacia Eslovaquia el día 3. La distancia desde Romans a Trnava, nuestro destino -Mundo tiene amigos aquí- es de 1500 kilómetros, aprox. Una distancia imposible de recorrer en un solo día, por lo que decidimos que lo haríamos en dos jornadas. La primera nos llevaría hasta Milán, a 450 kilómetros, que no son muchos a priori... excepto si atraviesas los Alpes. Era algo que no queríamos perdernos, pero sin duda, no fue una decisión acertada. Cuando tienes problemas para dominar el coche a menos de 40 km/h, tienes un ligero problema. Además, la noche cae muy pronto, a las cinco de la tarde no hay luz, total que llegamos a Milán -previa, y única, paradita en Turín, para cenar- a la 1 de la madrugada... habiendo salido a las 14 h. de Romans!! Y la mitad del camino, con una espesíisima niebla... Tengo que recordaros que no suelo ir por autopistas, para no pagar peajes -en Italia son carísimos- y aunque las carreteras nacionales en Italia están bastante bien, la cosa no es tan sencilla. Menos mal que en los Alpes hizo buen tiempo...

Llegar tan tarde a Milán no nos permitió escoger alojamiento. De modo que, 80 eurazos la habitación doble. Realmente terminamos el día destrozados, y supongo que por esta razón, Milán, sus calles, su tranvía y todo acabó desesperándonos.

A la maňana siguiente seguíamos encontrándonos a 1000 kilómetros de Trnava. Salimos a las 11. La suerte nos la volvió a jugar: todo el norte de Italia nevado. Carreteras llenas de coches, camiones, todos muy lentos... hasta las 19 h no atravesamos la frontera con Eslovenia, por supuesto ya con oscuridad absoluta, y habiendo hecho solamente una parada para comprar comida. Decidimos coger la ruta Eslovenia, Croacia, Hungría, Eslovaquia para no toparnos con la parte austríaca de los Alpes. De nuevo mal hecho, ya que, comparado con Italia, atravesar Eslovenia y sus montaňas fue una pesadilla, y en Hungría pensábamos que ibamos a morir de frío. Kilómetros y kilómetros de carreteras heladas, muy mal cuidadas, 3 de la madrugada y mi maravilloso navegador se vuelve loco, no reconoce el camino, nos pierde y a punto de quedarnos sin gasolina... Lo pasamos mal, realmente mal. Finalmente llegamos a Trnava a las 5 de la maňana!!! 18 horitas consecutivas al volante, si mi pierna derecha hablase, gritaría de dolor....
Aquí, en Trnava, vive Mischo, un tipo realmente majo, muy hospitalario, del que os hablaré prontito. De él y de mucha más gente que están haciendo de Eslovaquia otro recuerdo imborrable.

Prontito os veo.